Covid-19 en Australia (p.1)

El primer caso de Covid-19 en Australia se registró durante la segunda semana de enero del 2020. Desde esa fecha, el Gobierno emitió un estado de alerta -cuando incluso todavía no se hablaba de pandemia- a seguir las informaciones del Gobierno. Poco y nada se sabía del virus.

En febrero todo cambió y ya la cosa se puso un poco más seria. Los casos estaban subiendo, las fronteras seguían abiertas, los turistas continuaban arribando y se estaba muriendo más gente.

Ya para inicios de marzo el tema se tornó preocupante. La gente había comenzado a resguardarse y, quienes tenían la oportunidad de hacerlo, comenzaron a trabajar desde casa. Los australianos llegaron en masa a los supermercados a abastecerse de productos enlatados, alimentos no perecibles en general y papel higiénico (todavía esto no lo entiendo). En las calles se veía muchísima menos gente transitando.

En la quincena de marzo, mientras la gente seguía en esta compra impulsiva por el papel higiénico, se anunció el cierre de fronteras (18 de marzo). A los pocos días comenzó el lockdown en el estado de New South Wales (donde se ubica Sydney, mi lugar de residencia), lo que se tradujo en el cierre de los negocios no esenciales como centros comerciales, salones de belleza, cines y restaurantes.

El llamado era a quedarse en casa, salir sólo si era estrictamente necesario: testearse por Covid, comprar en farmacias, abastecerse en el supermercado o hacer deporte. Sí, a diferencia de Chile, aquí es muy importante el deporte y la salud mental.

El pánico empezó a cundir entre quienes teníamos visas temporales, con el cierre de las fronteras había dos opciones: volver a casa o quedarse atrapado en Australia. Muchos conocidos empezaron a hacer trámites para volver a Chile, los precios de los pasajes se dispararon y LATAM empezó a cancelar vuelos.

El último vuelo a Chile, en el inicio de la pandemia, fue el 31 de marzo. Desde esa fecha, nadie tenía idea de lo que iba a pasar. Muchos se fueron a probar suerte al aeropuerto, si es que por alguna casualidad alcanzaban a comprar un boleto y embarcarse. Algunos lo consiguieron y pudieron regresar. Acá nadie sabía lo que iba a pasar.

El Gobierno autorizó a desplazarse por NSW sólo con motivo de trabajos esenciales: supermercados, farmacias, cafés sólo que abrían para take away, funcionarios de la salud y el transporte público, cuidadores de niños, adultos mayores o enfermos y limpiadores. El resto, no tenía justificación para salir de las casas.

Comenzaron las restricciones: 1,5 metros de distancia, uso de mascarilla en transporte público y espacios cerrados, salir a hacer deporte con un máximo de 2 horas y cerca de casa, estaban prohibidas las reuniones en casa con personas que no vivían en la vivienda. La policía iba a estar custodiando que esto se cumpliera porque habían multas asociadas a quienes infringieran las medidas.

En conferencia de prensa el Prime Minister, Scott Morrison habló directamente a todos los temporary visa holders (turistas, working holidays y estudiantes) y dijo: «It is time to go home». Básicamente, si no tiene dinero para mantenerse sin trabajar durante, al menos, 6 meses vuelva a su país». Así, crudo y duro.

En ese momento compartía casa con otros dos chilenos, Nicole y Sebastián y una argentina, Indiana y prometimos que nos cuidaríamos y trataríamos de hacer lo mejor posible para no exponernos innecesariamente durante el tiempo que nos quedaba viviendo juntos. Cocinábamos (qué no hicimos), veíamos series, escuchábamos música, salíamos al parque a tratar de pasar los días sin volvernos locos estando 24/7 juntos.

Historia aparte: La Indi alcanzó a entrar a Australia uno o dos días antes de que cerrara la frontera. Ella estaba de vacaciones después de un año de trabajo duro en Australia, había decidido ir un mes al Sudeste Asiático, desde donde postularía a su segundo año de visa Work and Holiday. El inicio de la pandemia la pilló en Indonesia, había llegado un par de días antes solamente cuando comenzó a ver las noticias de que Australia planeaba cerrar sus fronteras.

Y no la pensó dos veces: debo volver a Australia. Las opciones eran dos: vuelvo a Australia donde tengo mi vida o quedo varada en Indonesia y tengo que buscar cómo regresar a mi país. No lo dudó y trató en más de una oportunidad de comprar un boleto aéreo desde Bali a Sydney pero su celular no la dejaba procesar la compra. Estaba contra el tiempo.

No olvidaré que me desperté como a las 2:30 am con mensajes y llamados de la Indi, pidiéndome si podía intentar comprarle un pasaje de regreso porque sí o sí tenía que tomar el siguiente vuelvo a Sydney. No se iba a arriesgar a quedar varada en Indonesia.

Después de unos minutos le confirmé que su pasaje estaba comprado, le envié todos los detalles y volví a dormir. Lo único que supe a la mañana que desperté es que ya estaba en el aeropuerto y llegaba ese mismo día. La hizo.

Otras amigas de una amiga, Jacqueline y Pía también andaban en Indonesia de vacaciones pero ellas se habían movido hasta las paradisíacas islas Gili. Jennifer intentaba contactarlas una y otra vez, preguntando qué harían, si es que regresarían o no a Sydney, porque acá ya habían anunciado que cerrarían las fronteras. En un arranque de lucidez, Jacque compró pasajes para las dos y aterrizaron el mismo día que se cerró Australia.

Y así, eran muchos quienes intentaban volver a Australia para no quedar varados en cualquier otra parte del mundo, mientras en Sydney muchos de los que estábamos acá, barajábamos la posibilidad de volver a Chile.

Fronteras cerradas. No había vuelos LATAM saliendo a Sudamérica.

Sólo quedaba hacerse el valiente y sobrevivir…

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