Con la confirmación de la reapertura de los restaurantes y el regreso de la normalidad, también había esperanza de la reapertura de las fronteras para quienes no habíamos podido visitar a nuestras familias en un buen rato.
Sí, Australia era un lugar increíble para pasar una pandemia, pero ser migrante en un país que está completamente aislado de todo por ser una isla, tampoco era todo color de rosa.
Lo principal, diría yo, era la incertidumbre de no saber cuándo ibas a poder viajar. Una cosa era irte del país para siempre, que eso sí se podía hacer con vías alternativas a Nueva Zelandia por ejemplo, ya que LATAM y Qantas no estaban operando la ruta hacia Santiago; pero sí podías salir por Estados Unidos y Europa, el problema era para quienes estábamos acá trabajando, con contratos de arriendo vigentes y todo lo que eso conlleva. No podías llegar e irte.

Durante mis primeros tres años y medio trabajé en la industria de Hostelería y Turismo (Hospitality) y comencé como runner, bartender, waitress y así, hasta incluso obtener más de una vez la oferta de subir como asistente del gerente del restaurant, a lo que siempre me negué ya que no quería hacer mi camino migratorio en Australia en esa industria, quería volver al Periodismo y las Comunicaciones.
Bueno, cuento esto porque pese a llevar muchos años trabajando en la industria, si hubo un momento en que ODIÉ ser parte de Hospitality fue en la reapertura de los restaurantes (octubre a diciembre 2021).
Imagínense estar encerrados por 4 meses, recibiendo pagos semanales del Gobierno ($750 AUD, $450.000 pesos chilenos) sólo por el hecho de quedarte en casa durante ese tiempo. Por supuesto que TODA la gente saldría prácticamente en masa a gastar dinero y a disfrutar de la vida. Aparte, en Nueva Gales del Sur, el Gobierno ofreció como incentivos 3x $50 AUD vouchers para utilizar en restaurantes y espectáculos artísticos.
Pero para nosotros, era todo lo contrario ya que estábamos sufriendo problemas de staff en todos los restaurantes. Puedo apostar mi vida a que no había uno solo en Australia que dijese en ese momento, no necesito contratar porque estamos súper bien con nuestro personal.

En el restaurant donde trabajaba en ese momento, era un fine dining (pituco) dentro de un hotel-resort de 6 estrellas en Sydney en uno de los edificios más altos y modernos de la ciudad. Resulta que todo este período fue una tortura. Literal y no exagero. Pese a que nosotros fuimos afortunados de no perder tanto staff, aún así sufrimos un poco las consecuencias, porque si había un buen momento para cambiarte de trabajo y mejorar tus condiciones era este. Ahora!
Llegamos a tener turnos de cena en donde estábamos con menos staff del que normalmente teníamos y la situación se hacía insostenible. Recuerdo que nosotros en el back of house éramos por lo general 3 personas para un turno de cena: un runner de entradas frías, un runner en pastelería y un polisher (el encargado de dejar la cuchillería y platos impecables secos y sin marcas dedos), pero ese día me tocó estar sola y estábamos full house.
Y recuerdo que no alcanzaba a correr los platos de comida de esas dos estaciones (pastelería y entradas frías) porque se me iban acumulando las pilas de platos y cuchillería y en el cambio de seating no teníamos suficiente para hacer el restock. Era tal la locura que me agarré en muy malos términos con un manager porque me pedía que dejase de hacer todo para polishear y le dije NO PUEDO porque si no la comida no llega a las mesas y eso es incluso peor.
Terrible. Estuve a punto de renunciar muchísimas veces porque era locura. Tremendamente estresante y el sueldo era básicamente el mismo. Pero con quien fuese que trabajase en la industria te decía lo mismo que estaban muy busy y understaff. Esos meses fueron muy desafiantes, porque de verdad con toda esa presión era para tirar la toalla. Afortunadamente, en nuestro restaurante siempre llegaba más staff, todas las semanas. No eran de lo mejor ni los más calificados, pero al menos tenías gente con quien compartir el turno.
Recuerdo que la Fiesta de Aniversario del restaurant se hacía en marzo porque ahí comienza la temporada un poco más quiet en Hospitality, entonces cerrar un día de semana no es tan terrible. La nuestra fue a inicios de marzo del 2022 y los managers de ese entonces junto con el dueño del restaurant decidieron repartir premios por «secciones» a los trabajadores, porque honestamente esa época había sido durísima y tener un reconocimiento era una especie de apapacho al corazón. Me gané una caja de caviar con otras exquisiteces. Todos quienes obtuvimos un premio dimos el 150% de nosotros por sacar la pega adelante. Era merecido.
Aún así, y con toda la locura, me quedé casi un año más porque mi visa estaba relativamente ligada a esta empresa (no como sponsor, pero sí como support), hasta que después de mucho buscar encontré un trabajo profesional, en lo mío, como Content Writer.
Y así, luego de un año y medio trabajando en Hospitality, y con muchos sentimientos encontrados, dije adiós a Woodcut Restaurant para cumplir una de las metas que tenía cuando me vine a Australia: trabajar como profesional.
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